Cómo reñir a tus hijos sin minar su autoestima

Actualizado: 7 de ago de 2018

¿Has escuchado alguna vez la nueva corriente de Educar Sin Gritos? Es muy importante que como padre/ madre* des ejemplo a tus hijos y sepas como criticarles sin atentar contra su autoestima, favoreciendo en ellos el desarrollo de lo la gran olvidada históricamente pero por fin tomada en cuenta: Inteligencia Emocional. Vamos a ver como tienes que hacerlo.



*a partir de ahora para facilitar la lectura me dirigiré a los padres y madres solo con el sustantivo "padre/s" incorporando en él los dos sexos, espero que no se sienta ofendida ninguna mujer.


Si lo prefieres también puedes escuchar este artículo en Ivoox.


Ya has visto con anterioridad como se tienen que dar las críticas en el post feedback el arte de saber criticar, (si aún no lo has hecho te invito a que lo hagas antes de proseguir) Ahora vamos a ver cómo aplicar esto para educar tus hijos.


Es muy importante que como padre des ejemplo de cómo se deben hacer las críticas para que tus hijos desarrollen esas habilidades y las apliquen en su vida adulta. Esto forma parte de la educación y entrenamiento en habilidades sociales e inteligencia emocional.


Hay cientos de estudios que demuestran que las personas con alta inteligencia emocional son más felices en su vida adulta y tienen mayores éxitos.

También está demostrado que los niños que reciben educación en inteligencia emocional desde edad temprana luego se convierten en adolescentes capaces de discrepar con sus padres desde el respeto no con gritos y conductas rebeldes.

Por lo tanto, tanto por el futuro de tus hijos cómo por sobrellevar de la mejor manera esa etapa complicada qué es la adolescencia, merece la pena que los eduques sin olvidarte de esta aplicar estos conocimientos ¿no crees? Vamos a ello.


Según la PNL (Técnicas de Programación Neurolinguística) podemos hacer críticas en 3 ámbitos: comportamiento, actitudes e identidad.

El comportamiento sería los actos que realizamos, la actitud es la predisposición o no hacer las cosas y la identidad es lo que somos.

Por ejemplo un comportamiento sería "no hacer los deberes", una actitud sería que "no ha querido hacer los deberes porque no le interesa" y la identidad sería "es un vago".


El #Comportamiento


Es algo que puedes ver o no, la conducta visible: en este caso "no ha hecho los deberes" por lo que es algo objetivo que todo el mundo vería igual.


La #Actitud


Sería una predisposición a comportarse de determinada manera y que da como resultado o no el comportamiento. Siguiendo con el ejemplo de los deberes: no es lo mismo que no le interese hacer los deberes (actitud negativa) y por eso no los ha hecho (comportamiento) o que no los haya hecho porque no los entienda aunque su actitud sí que era de intentar hacerlos.


La #Identidad


Sería un juicio de valor sobre cómo es esa persona en este caso el niño es tonto o listo, el niño es un vago, etcétera. Lo que tu piensas de tu hijo cuando hace o no hace determinadas .


Nunca debes hacer críticas negativas a la identidad de tu hijo ya que de ahí parten los principales problemas de autoestima.


Cuando hagas una crítica positiva osea que quieres decir algo que ha hecho bien puedes hacerla tanto en el ámbito del comportamiento, de la identidad y de la actitud, mientras que si haces una crítica negativa la tienes que hacer desde el comportamiento o la actitud pero nunca desde la identidad.


Puedes decirle a tu hijo qué ha hecho muy bien los deberes (comportamiento) qué estás orgulloso porque se ha esforzado mucho (actitud) y qué es muy listo (identidad). Mientras que le podemos decir que no ha hecho los deberes que estás disgustado por no haberlo intentado pero nunca le diremos que es tonto.


¿Por qué no podemos hacer una crítica negativa de la identidad?.


Primero porque atenta contra su autoestima ya que él percibirá que eres así y no puede cambiar el hecho de ser tonto. Si llamas tonto a tu hijo o alguna otra cualidad negativa cómo malo, vago, egoísta, etcétera, lo percibirá como algo que no puede cambiar por lo tanto, la próxima vez que se enfrente a los deberes, aunque lo intente, si no entiende algo, es más probable que lo abandone porque "como es tonto no lo va a conseguir"


Sé que en un momento de enfado es muy complicado saber como controlar los nervios y medir nuestras palabras pero tienes que ser consciente de lo que dices y eliminar críticas a la identidad.




Dar más feedback positivo que negativo


Cómo ser humano tiendes siempre a ver más las cosas negativas que las positivas pero tu hijo cada día hace cosas bien que debes reconocer.


Cuando te dedicas a regañar a tu hijo constantemente pero nunca le reconoces las cosas que hace, pueden pasar dos cosas: si tienes un hijo muy sensible se sentirá mal y poco a poco iras minando su autoestima o si el niño es menos sensible no solo miraremos autoestima sino que conseguiremos que nuestras críticas le entren por un oído y le salgan por el otro ya que pensará "ya está otra vez regañándome"


Hay que aprender a elogiar, reconocer las cosas buenas que hacen tus hijos y sus virtudes y si no las ves debes buscarlas porque seguro que hay. Hay que dar críticas sin atentar a la identidad y tienes que acostumbrarte a no amonestarlos por todo.

Dosificar las regañinas una cada vez.


La educación de un hijo conlleva constancia y paciencia. Cuando hace algo mal hay que decirlo aunque no te apetezca. No vale ir guardando y callando hasta que un día te sientas con ánimo de darle una regañina y empieces a regañarle por cosas qué hizo la semana pasada o hace un mes. ¡Así no vas a conseguir nada! nada bueno al menos por que si vas a conseguir que el niño se frustre o se enfade, sin saber ni por donde empezar a solucionar todo lo que le has dicho.


Regaña solo con una cosa a la vez

Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos


Hay una corriente que se llama educar sin gritos y que ha probado su eficacia. No necesitas azotes ni alzar la voz para que tu hijo te obedezca. Puedes ser de los que piensan que un azote o un grito a tiempo es más rápido y consigue los mismos resultados que hablar con él pero no es así.


Por ejemplo regañas a tu hijo porque está pegando a su hermano y le das un grito y un azote. Seguramente conseguirás que lo deje de hacer pero como no entiende por qué y no te has parado a hablar con él sobre la importancia de no comportarse así, probablemente al día siguiente lo vuelva a hacer o en cuanto te despistes.

En esa situación en la que ves a tu hijo pegando a su hermano te debes meter en medio sin violencia pero con firmeza. Apartar a tu hijo y decirle "no se pega" y le castigamos en su cuarto o muchos padres usan la "silla de pensar" (que es algo que también se usa en los colegios) qué consiste en poner una silla en una esquina de cara a la pared y decirle a tu hijo que se siente y que recapacite sobre lo que ha hecho y que se calme. Una vez que se ha calmado es momento de hablar con él y preguntarle por qué ha pegado a su hermano. Debas prestar atención plena y una escucha activa para entender sus motivos, hay que explicarle que la violencia no es buena y que si está enfadado con su hermano se lo tiene que decir o avisarte a tu para que intervengas.

Siempre hay que explicar el por qué de nuestro castigo, para que entienda los motivos que hay detrás y darle una alternativa de comportamiento para la próxima vez. Nunca decir las típicas frases de padre autoritario de "porque lo digo yo y punto"


No hacer preguntas sino dar órdenes


Hay muchos padres que se sienten cohibidos a la hora de dar una orden porque se piensan que ser autoritarios no es bueno. Le hacen preguntas a su hijo del tipo ¿porque no dejas de jugar a la videoconsola y te pones a hacer los deberes? Esas preguntas no causan ningún efecto porque al niño pensará que le gusta más la videoconsola que los deberes y por lo tanto seguirá jugando. Es mejor que seas autoritario en estos momentos y decirle "deja de jugar a la videoconsola y ponte a hacer los deberes"


Llegar a un acuerdo de recompensa con tu hijo


Esto es de lo más antiguo que existe en psicología y se llama Condicionamiento operante. No es más que lo que seguro que conoces de educar con castigos y refuerzos. En este caso puedes aplicar un refuerzo positivo. Siguiendo con el caso del videojuego puedes decirle "cuando termines los deberes te dejo jugar media hora a la videoconsola". De esta forma consigues que el niño se motive a hacer los deberes para conseguir su premio.


Adapta tus castigos a las nuevas tecnologías, conoce a tu hijo.


Aquí hay que ser un poco pícaros y conocer qué es lo que más le gusta a tu hijo o con que le puedes hacer más "daño". De nada sirve que le castigues en su cuarto sin salir y sin tele cuándo tiene un ordenador, un móvil y puede estar entretenido igual. Probablemente consigas más diciéndole que si no recoge su cuarto apagas el wifi o le quitas los mandos de la videoconsola. Aquí deja volar tu imaginación y usa tu observación para ver que es lo que más le gusta hacer.


Evita los sermones inacabables


Cuando dejan a un lado los castigos físicos o los gritos y empiezan a aplicar estas técnicas muchos padres se van al otro extremo. No saben resumir o extraer las ideas principales de lo que quieren comunicar y comienzan a dar una charla interminable a su hijo sobre las consecuencias de su comportamiento y qué lo debería hacer pero sin llegar a que su hijo lo comprenda.


Cuando quieres regañar a tu hijo tienes que ser lo más escueto posible. Céntrate en lo importante y da una orden clara.

Esto lo tendrás que entrenar para que te salga bien pero debes hacerlo porque si no tu hijo va a desconectar en mitad de la charla y no va a servir de nada.


Las comparaciones son odiosas no lo hagas


Para terminar este post el último punto es que nunca compares a tu hijo con nadie que no sea el mismo. Es muy fácil compararle con un hermano con un primo contigo mismo... "Yo cuando tenía tu edad no hacía esas cosas", "¿Por qué no te fijas en tu hermano? Mira qué bien se porta el"


La única comparación que está permitida es que compares el comportamiento de tu hijo del presente con su comportamiento pasado. "El curso pasado aprobabas todas las asignaturas ¿Por que este trimestre has suspendido 3? ¿Tienes algún problema en el colegio?"



Estás son algunas de las recomendaciones que te hago para comenzar a cambiar la relación con tus hijos, espero que las pongas en marcha y me cuentes tus resultados.


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Lo mejor para seguir aprendiendo es leer y leer por lo que aquí dejo una selección de libros para que sigáis profundizando.


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El Cerebro del Niño (Daniel J. Sieguel & Tina Payne)


Tu hijo de dos años tiene una rabieta en una tienda.

Tu hijo de cuatro se niega a vestirse.

Tu hijo de quinto curso está de suplente en el banquillo, enfurruñado, en lugar de jugar en el campo.


¿Acaso los niños conspiran para que la vida de sus padres sea un desafío continuo? No, lo que pasa es que su cerebro en desarrollo lleva la voz cantante. En este libro innovador y práctico, el neuropsiquiatra Daniel J. Siegel y la experta en educación infantil Tina Payne Bryson desmitifican las crisis y los conflictos, explicando los nuevos conocimientos científicos sobre cómo está constituido el cerebro infantil y cómo se desarrolla. Aplicando estos descubrimientos al día a día, es posible convertir conflictos, discusiones o miedos en una oportunidad para integrar el cerebro del niño y ayudarlo a ser una persona responsable, afectuosa y feliz.

En El cerebro del niño padres y educadores tendrán a su alcance pautas claras para entender y manejar los distintos conflictos propios de los niños en función de cada edad, así como herramientas para resolverlos y ayudar a la familia a progresar.






Este libro se puede acompañar de El Cerebro del Niño Ejercicios.


"Este cuaderno es una herramienta práctica, con gráficos, ilustraciones, actividades y dibujos para que los padres alcancen una mayor comprensión y conexión con sus hijos, y además, adquieran conciencia de ellos mismos como padres."






Disciplina Sin Lágrimas (Daniel J. Siegel y Tina Bryson)



Haciendo hincapié en el fascinante vínculo entre el desarrollo neurológico del niño y el modo en que los padres reaccionan ante la mala conducta de este, La disciplina sin lágrimas proporciona un efectivo y compasivo «mapa de carreteras» para afrontar las pataletas, las tensiones y las lágrimas sin montar un número.

Al definir el verdadero significado de la palabra «disciplina» (instruir, no gritar ni regañar), los autores explican cómo establecer conexión con el niño, redirigir emociones y convertir una rabieta en una oportunidad para crecer.






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